Wednesday, April 16, 2008

La Olla


Una distancia, máxima extensión de una pena. Un pleito y un golpe que dan las niñas húmedas y lloronas; las veo. Montañas que mecen y se desayunan la libertad de los hombres; nos vomitan día a día frío y sombra y temor; corremos al mar.

De un árbol abriose una semilla, cantaron mil más y casi abriose otra. ¿Quién padece? Y el doctor intenta levantarse de su lecho. Dio frutos la madre, y sus hijos se alimentaron de ella, hasta que padeció de pena, y de un árbol abriose una semilla.

“¡No me toques!” Gritó el bufón, atormentado de cadenas, y su llanto era el prodigio de la corte. Lo llamaron a la horca; su cabeza era de perro. El día no lo podía creer, y los niños reían a carcajadas. El perro movió la cola y el rey le dio la unción; la llevó a cavar un hoyo, con sus histéricas patas, y todo el pueblo intentó caber dentro. Se le hechó la tierra a la piel y de una flor se recuerda el lugar en donde nacieron las niñas, y los mártires se regocijaron.

La rabia la llevaba al final del libro, así rescribió su nombre. Otro se compadeció y beso a una mujer; ¿qué más da? Si ni siquiera sabía besar bien. Se vengó de un puñetazo y la pateó en el suelo. “¡Canalla!” le gritaron desde un balcón, se dio vuelta y dedico una serenata; así volvió a enamorarse.

Mis reflexiones me toman y llevan por debajo, quería bañarme en ella. Me cura, me sana; pero todo está bien. Me muestra equivocado, muéstrame abrir más cerca de ti; gritaron mil más, y el árbol se hizo cenizas.

Algo así fue como se detuvieron todos. Las moscas llegaban en enjambres miles; ponían gusanos en los espectadores, descomponiéndolos en miles de moscas nuevas. Llegó un extranjero preguntando por indicaciones y fue extraviado por cerros y estepas vírgenes. Todo era verde y mojado, pero el fuego prendió sin problemas. La tierra se estremeció y de los prados nació una mujer que abrazó al extranjero durante el resto de su vida. Una procesión iba de paso cuando ascendieron y así fue.

Volaron diez pájaros en dirección norte anunciando la lluvia. Cuando despertaron las naves era muy tarde, así que llovía.

Y cuando se casaron tuvieron treinta hijos de diferentes colores. Se separaron y todavía se pelean la tutela. Deben haber pasado muchos minutos desde ese momento, mis abuelos los cuentan, en la tumba con todos los otros muertos, y ya no sé a donde escribirles por consejo.

Y si vamos a desangrar a alguien, que sea hoy. Son accidentes que ocurren y nos siguen, coincidencias que tienen sentido con tigo. No debes hablar. Solo corre y golpea al 49. Un montón de frases sin sentido que acecharon hace años a un extraño; no supo responder así que rompió su caja y se largó a pastor. Quien dijo las frases fue consumido por la extravagancia y ascendió también, hasta que un payaso en la ciudad puso una cuerda en su tobillo y lo exhibió como un globo de helio, y los niños reían a carcajadas, en cambio las niñas lo miraban desde lejos.

Y así fue más o menos como sucedió, la paciencia reventó las niñas y la furia emanó de su garganta, y ella gritaba “!déjame en paz que no necesito eso, comprendo que amar es una pena. Las montañas y la tierra y la lluvia están enfermas, la marea trae solo despojos, y la guerra es en las paredes, por donde corren los hombres que se esconden detrás de los hombres. El pasto se llena de pintura y así es como mi pueblo construye, pero no recuerdo haberlo visto antes sin la pintura que lo recubre, es casi un mito que alguna vez fue pasto. La vida esta entre paredes, y las paredes se llenan de telarañas, cuando rompí mi pared te vi del otro lado, luego no pude tapar el hoyo y casi muero de frió. No me merezco esto, no me merezco la sal. Una palabra no dice nada, y una vida se llena de palabras, y una palabra no sirve para encender una fogata, solo alucinarla. Me tapa la boca una brisa de aire voluntario, ¿qué sucede? ¿Si me destapo me esfumo? ¿Si me enfermo me muero? Si una tapa vale más que el fuego, si el recipiente no cocina a 69 grados, y si Aries y Piscis, y si la vida y la muerte, y si la casa y los niños, y si la horca y el perro… ¿y si estoy desnuda, qué?!

Hubo muchos aplausos, mientras los niños reían a carcajadas; las niñas les nublaron el entendimiento y mil más gritaron. La presión soltó la olla, y la tapa voló por los aires. El árbol se llenó del vapor y las flores se secaron todas. Las montañas desayunaban y una distancia fue la máxima extensión de una pena.

El bufón calló y mis reflexiones las llevó por abajo. Volaron diez pájaros y la madre dio a luz, pero padeció de pena, y de un árbol reconstruyo una tragedia, la corte aplaudió, y el perro voló por los aires quemando los prados vírgenes; ¡hizo terribles hoyos! Así se casaron y tuvieron más hijos, se separaron y el extranjero padeció de pena, y la madre padeció de pena, y el doctor padeció de pena y de un árbol abriose una semilla que la mano del hombre no alcanzó jamás.


Fobos




Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario. Se escondía un aroma que erizaba la piel y que bañaba a aquellas criaturas que si compartieran la luz serían tanto menos escalofriantes. Se escondían también los ecos de gritos y los llantos de mi infancia, y si me detenía cuidadosamente en los rincones podía sentirlos vivir allí en las sombras.

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, comió también mi padre y mi madre para matar a mi hermano; allí mismo huyó, que nunca conoció la luz. Así aprendí también a perdonarlo por temerle.

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, también ahí compartían las pesadillas y los vientos que agitaban las cortinas. Ahí mismo vivía la empleada fea y arrugada que torturaba a mis hermanos y golpeaba a mis mascotas. Ahí mismo se escondía mi gata para que Nana se detuviera de miedo ante los rincones, escuchando los llantos de su infancia.

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, me invitaron a mis quince años a pasar el tormento de crecer, que los ecos de mis hermanos y antepasados llenaban de ritual. Y salí hecho un hombre.

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, se alimentaron los gusanos, de las maderas comió la tierra y los gusanos se escondieron para nacer como flores. Ahí vio con los ojos en el suelo mi padre enterrar a mi abuelo, mi madre soberbia, vio a mi abuela, yo huérfano, a mis padres y mis hijos inocentes a mis hermanos. Todos lloramos copiosos y las lágrimas fueron a dar bajo tierra, para regar luego las semillas de las flores.

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, se posó la parca esperándonos a todos, y del consuelo de los mayores sentido nació en la vida de los jóvenes. Nació el perdón y la concordia, la humildad y la belleza. Naciste tú cuando me sentía solo, nací yo cuando temblabas de miedo. Crecieron los árboles y dieron frutos, los pastos fueron más verdes, los relinchos más alegres en las miedosas galopadas hacia la vida. Nacimos todos hacia la juventud llenando los espacios de tanto miedo; cómo llenábamos los escondites de la protección de la oscuridad, y nuestros amigos entre juegos nos buscaban temiendo encontrarnos.

Pero…

Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, prendieron una lámpara buscando una moneda, las sombras huyeron de la credibilidad, so pena de mis antepasados. La araña desahuciada, el ratón fucilado, tú me dejaste, los niños desaparecieron y todos encandilados saludaron a quien bajó del cielo, eligiendo unos pocos felices, cuando la verdad es que todos se lo merecían.

Friday, February 1, 2008

Tres pasos...


Tres pasos


Tres más y no vuelvas

Tres menos y me arranco


Sin trabas, ya de vuelta,

Al encuentro me sales?...


...Tres pasos, tres más y te cáes.


Tras vuelta y vuelta

Sales al paso,

Pasos cortos, pasos largos


Tres te salen, como de naturaleza,

Así vas cortando mis trazos;

Ya ni uno me queda pa' seguirte

Paso a paso;

Tres pasos más y me largo.


Y de mis trece, que quedan?

No más, adios cuando mis quince,

Quince tenerte, veinte más cerca;

Pa' tocarte

El largo paso que me dejas.


Tres pasos y te alejas...


Con un baile cadencioso

Cadera, caldera, revuelta revuelves,

Devuelta ya devuelvas;

Caliente, y ocioso,

Trastos, me quemas! bailas muy hiriente;

Hiervas tres, y de pies a cabezas;


Tres pasos de ti, y todavía ni te enderezas...


Solapa, lapida y recubre;

Mis sueños de a tres aires,

Tres vientos los llevan amenos;

Muy buenos se redescubren.

Siempre si así tú me bailes

Siempre somos y seremos;


Tres pasos más... y nos conoceremos


Síguelo, le viene; le queda,

Un señuelo y una trampa,

Mapa mi vuelo, truca pero conceda

Conoceros de los peores desvelos.

Del lodazal a volar del ampa;


Tres pasos más; me atrapas y me encanta


Corre y cuenta,

Baila fuerte

Fuerte miedo, vuelta y vuelta:


Tres más que me arrebolla

Me tiren, me sonrojen,

Cuando tomen y me arregasen

Como "nanas de cebolla"...

Tres pasos más, quien me llore o quien me odia


Tres


Tres!


Tres pasos!


Tres más de vuelta

Tres menos que me zanjó!


...Donde comenzó, ya de vuelta,

Súbito al encuentro me sales...


...Tres pasos, tres menos de tantos males.

Tres pasos, tres tan buenos; tan ideales.



Eva Raseac, 01 Feb 2008

Thursday, January 24, 2008

Alonso


Todos los días son similares... lo que quiero decir es que creo estar perdiendo la noción... bueno no hay que ser exagerado; he trabajado muy duro.

Alrededor mío mi habitación, desordenada, poca luz entra por la ventana y muestra el arruinado parquee. Del resto no se nada, se encuentra todo en la oscuridad y....mmm un pedazo de comida que acabo de pisar... unos días debe tener.

El cansancio me invade de una manera muy extraña. Quisiera saltar, gritar; estoy un poco ansioso.

¿Te ha tocado alguna vez el quedarte dormido sobre tu cama, y despertar momentos después con todo tan igual, y solo sientes que no has dormido?, no parece que lo hayas hecho.

Es como si tus sueños hayan sido suprimidos.

La verdad es que en estos momentos quisiera descansar, pero me desilusionaría tanto con migo mismo al verme en aquella situación. No puedo, ni quiero creer que he agotado mi imaginación en estas últimas noches, aún así sé (muy de enfado) que mi novela se encuentra en un punto muerto... y que mis cuadros son una porquería... y para que mentir, no tengo talento. Creo que el escribir es mi única salida, aun así me siento un fracaso; soy menos artista que persona, y dudo de mi persona, es la verdad, desde que me encontré hablándole apasionadamente a un macetero... bueno, todos le hablan a las cosas, distrae y entretiene, pero no de la forma en que me encontré a mi mismo.

Balbuceo un poco para quejarme de todo en un idioma que pudiese ser francés, si es que supiera cómo hablarlo. Algunas veces sé alemán, pero es mentira, y cuando me lo digo me siento muy solo. Tengo nombres para todo, y se alternan en calificativos y palabras compuestas, o juegos de sonidos. Aun así me siento solo, aunque no me supera; soy fuerte.

Cuando ya no puedo más de mi repugnante inutilidad, tomo las escaleras y bajo de mi departamento hacia la alameda. Camino alejándome un poco del terminal de trenes hasta llegar a San Diego en donde hojeo algunos libros y otros los miro inquisitivamente, aunque semanas más tarde ese mismo prejuicio me lleva a gastar el poco dinero que poseo en ratificar aquellos pensamientos. Generalmente son malísimos libros de portadas muy llamativas (en el limite de lo pirata) pero cuando los leo me siento seguro de mis convicciones, y soy alguien de nuevo, aunque aquello dure 5 minutos y muero de hambre posteriormente si no logro venderlos en la calle a los ambulantes.

Si es desesperante el ocio en el encierro, en las afueras es desquiciante; hay tantas cosas que quisiera hacer y probar, pero cuando en mi infantil impulso me veo figurando, bajo la cola como un perro arrepentido, aunque a veces lucho contra la vergüenza; que es tan hermosa esta ciudad y de tan extraña manera.

Edificios de mucha antigüedad se elevan fríos hacia el cielo teñido gris, sucio más que simbólico. Desde Balmaceda suelo mirar por los ventanales hacia la catedral en plaza de armas, en Matucana cuento los santos de la basílica de Lourdes y en santa Isabel me siento como arropándome de la húmeda fuente, en tanto San Sacramentino me tapa el sol de la tarde. No es solo belleza arquitectónica; a cada esquina y en cada peldaño de los templos se encuentra un mendigo enfermo de muerte, con su inocente tez monstruosa, sus ojos casi quemados, miembros amputados, a veces sostienen su primogénita y torcida descendencia en brazos. Peculiar es que todos sobreviven en las faldas de aquellas frías construcciones de lejanos años, tan ignorantes de su lugar en este mundo; no saben que quizás de su malhadada vida respiran los últimos soplos para mantener los vicios alcohólicos de sus podridos hasta las entrañas padres.

Todo aquello vive; es fuente y motor de los sentimientos más espontáneos de miedo e inseguridad.

Mientras algunos solo tomarían esta escena como el esfuerzo de los hongos por sostenerse al pie del elefante, yo me admiro de su noble belleza y no puedo evitar ser analítico. Claro está que son ellos la consecuencia directa da la actitud imponente y arrogante de las personas; aquellos mendigos son el subproducto de la nuestra antiecológica maquina; de nuestra sociedad, que por los parches a los antipáticos cánones deja escapar la suciedad que todos llevamos dentro.

Ahora me encuentro enojado mirando al mendigo; tiene síndrome de Down y su tos aguada y prolongada me da la impresión de una pulmonía; más aún es un símbolo tan fuerte, tan reconocible, tan noble como esa enfermedad de la belleza por fealdad; algo tan natural. Estoy furioso por que él, en si, es más artista de lo que nunca seré yo; su miseria es su obra maestra, y trabaja en ella, y la perfecciona de tal manera que cuando ya no lo vea nunca más en su esquina me emocionaré hasta las lagrimas por la exquisitez del final de su performance.

Se que soy egocéntrico e insensible; soy constructivista. Soy de la extensión sindicalista del oposicionismo desafiante, del egocentrismo y la psicopatía enamorada. Pero el problema es que en esté sindicato nunca estamos de acuerdo, y hay siempre duras y desalentadoras disputas. Sí, nos negamos, pero somos un movimiento. No les miento; uno muy individualista pero somos, y aunque no organizados, figuramos. Somos una reacción tan natural e innata en el ser humano; somos el descontento de la soledad y el miedo a esta misma. Sé que puedo ser artista, respondo a la más complicada nobleza: la naturaleza del hombre.

Así es mi vida, así me doy ánimos para indagar cada vez más en la apología de mi existencia. Mi argumento es la nobleza de mi esencia. Se que soy natural del ser humano, sé que el arte es parte del subproducto desta inmunda maquina. Pero aún así no me perdono el no poder perfeccionarme como quiero: ser el subproducto puro, el sedimento, el fondo cargado de lo desplazado al olvido que tanto manifiesta su hedor. Por eso no puedo concebir encontrarme en esta situación de agotada creatividad. No me quiero desilusionar, no quiero ceder ni creer que la solución es alimentar al monstruo de mi armario. Quiero ser tan arte como aquel adefesio pedigüeño y miserable, tan puro y tan significativo. Me aproblema no poder; yo no soy mi arte, y no puedo ser ni actor ni bailarín, por eso debo indagar en la confusa estética, sacar aquellos golpes que lagrimen los ojos de los lectores y hacerme inmortal como una idea platónica.

Todo tiene una carga negativa cuando más animal me siento, un animal que en vez de cruzar el río quiere conocer su extensión, y posteriormente se desilusiona de su impotencia pues he olvidado el camino para cruzarlo.

No quiero alimentar al monstruo que temo. Estoy débil y desnutrido, no quiero vivir la desesperación del insomnio ni la luchar contra mis demonios, así que ahora salgo y voy por psicotrópicos; cualquiera que me lleve lejos...


Estracto Nuevo Proyecto