
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario. Se escondía un aroma que erizaba la piel y que bañaba a aquellas criaturas que si compartieran la luz serían tanto menos escalofriantes. Se escondían también los ecos de gritos y los llantos de mi infancia, y si me detenía cuidadosamente en los rincones podía sentirlos vivir allí en las sombras.
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, comió también mi padre y mi madre para matar a mi hermano; allí mismo huyó, que nunca conoció la luz. Así aprendí también a perdonarlo por temerle.
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, también ahí compartían las pesadillas y los vientos que agitaban las cortinas. Ahí mismo vivía la empleada fea y arrugada que torturaba a mis hermanos y golpeaba a mis mascotas. Ahí mismo se escondía mi gata para que Nana se detuviera de miedo ante los rincones, escuchando los llantos de su infancia.
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, me invitaron a mis quince años a pasar el tormento de crecer, que los ecos de mis hermanos y antepasados llenaban de ritual. Y salí hecho un hombre.
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, se alimentaron los gusanos, de las maderas comió la tierra y los gusanos se escondieron para nacer como flores. Ahí vio con los ojos en el suelo mi padre enterrar a mi abuelo, mi madre soberbia, vio a mi abuela, yo huérfano, a mis padres y mis hijos inocentes a mis hermanos. Todos lloramos copiosos y las lágrimas fueron a dar bajo tierra, para regar luego las semillas de las flores.
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, se posó la parca esperándonos a todos, y del consuelo de los mayores sentido nació en la vida de los jóvenes. Nació el perdón y la concordia, la humildad y la belleza. Naciste tú cuando me sentía solo, nací yo cuando temblabas de miedo. Crecieron los árboles y dieron frutos, los pastos fueron más verdes, los relinchos más alegres en las miedosas galopadas hacia la vida. Nacimos todos hacia la juventud llenando los espacios de tanto miedo; cómo llenábamos los escondites de la protección de la oscuridad, y nuestros amigos entre juegos nos buscaban temiendo encontrarnos.
Pero…
Detrás de la repisa, ahí donde se escondía la araña y comía el ratón mercenario, prendieron una lámpara buscando una moneda, las sombras huyeron de la credibilidad, so pena de mis antepasados. La araña desahuciada, el ratón fucilado, tú me dejaste, los niños desaparecieron y todos encandilados saludaron a quien bajó del cielo, eligiendo unos pocos felices, cuando la verdad es que todos se lo merecían.
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