Del tiempo a los mortales, aquellos que nos recuerdan;
Somos mucho más de lo que fuimos:
Siempre seremos, siempre tras un jazz-nova,
Un ritmo, una canción, un recuerdo, una mirada.
Caímos por los barrancos del tiempo,
Sin dejarnos nada, nos caímos por completo;
Paracaidistas de la muerte; bajo los ojos y la mirada
De quienes rezaron por nuestros vuelos.
Fuimos buenos, a veces mejores;
Muchas más, encantadores…
Muchos celos, muchas peleas
Tras esos velos de perlas y ojeras negras de futuro.
Fuimos tras esos dos, juntos tras unos tres.
Más no me mires ahora que no me quedan dignos,
Ojeras sin futuro, lágrimas y pena pasaron por los oídos:
Difuntos los encantados!
Taparon todos, todos sus oídos;
Pues no creyeron lo que se les decía,
Les tocó en lo íntegro, lo puro, lo febril;
En lo infantil, lo tenaz, lo propio y lo pactado.
Caducaron los contratos, Caducaron los contratistas,
Los escribas cesaron la mano definitiva
Y ya nada fue para siempre…
Ahí mismo tú me recuerdas, ahí mismo te recordamos.
Los charcos tornaron rojos, y las lágrimas
Azules hacia el cielo evaporado:
Los ojos cristalizaron su pena
Y su pena fue su pecado.
Fuimos suspendidos en olas de tiempo,
En mares de sal y de viento,
Del abandono, del desierto y del cristal,
Y ya llorar no fue suficiente… suficiente desquite.
Allí entremedio, de las cebollas, de los ajos,
Quedamos los que revierten los días:
Por favor no me dejes, por favor no me olvides;
Y desde el otro lado del mundo…
Desatamos una estampida de la cotidiana,
De la mañana a la noche, sobreactuando mil papeles:
Fuimos de casting en casting para que nos vieran la frente:
La más oscura, más criminal y más fúnebre.
La bestia del cuerpo devoró caricias,
Y todo lo que a sus fauces parecían ojos devoró.
Nos llenamos así de ojos, y de ojos y de ojos!
Comimos, oh dios! cómo comimos!
Y cuando ya el sueño, el desquite, el exhausto,
Encontré de mi baúl despojos de tu último adiós;
Visitóme la melancolía, traía noticias!
Grandes piedras calientes para el pecho; el casto!
Me miraban desde la distancia!
A través del tiempo! Me miraban, de verdad!
Ya yo quisiera…
Las piedras rodaron por las maderas.
Las manos me sueltan la cabeza.
y mi lápiz descansa del cerebro...
Allí mismo volveremos a nacer
Por fin lejos:
Lejos de las órbitas,
Lejos de estos 12 dobles al día.
Lejos de esta última plegaria;
Lejos
De un noventavo amanecer.