Tuesday, September 7, 2010

A tus Ojos de Llorona...




Del tiempo a los mortales, aquellos que nos recuerdan;

Somos mucho más de lo que fuimos:

Siempre seremos, siempre tras un jazz-nova,

Un ritmo, una canción, un recuerdo, una mirada.


Caímos por los barrancos del tiempo,

Sin dejarnos nada, nos caímos por completo;

Paracaidistas de la muerte; bajo los ojos y la mirada

De quienes rezaron por nuestros vuelos.


Fuimos buenos, a veces mejores;

Muchas más, encantadores…

Muchos celos, muchas peleas

Tras esos velos de perlas y ojeras negras de futuro.


Fuimos tras esos dos, juntos tras unos tres.

Más no me mires ahora que no me quedan dignos,

Ojeras sin futuro, lágrimas y pena pasaron por los oídos:

Difuntos los encantados!


Taparon todos, todos sus oídos;

Pues no creyeron lo que se les decía,

Les tocó en lo íntegro, lo puro, lo febril;

En lo infantil, lo tenaz, lo propio y lo pactado.


Caducaron los contratos, Caducaron los contratistas,

Los escribas cesaron la mano definitiva

Y ya nada fue para siempre…

Ahí mismo tú me recuerdas, ahí mismo te recordamos.


Los charcos tornaron rojos, y las lágrimas

Azules hacia el cielo evaporado:

Los ojos cristalizaron su pena

Y su pena fue su pecado.


Fuimos suspendidos en olas de tiempo,

En mares de sal y de viento,

Del abandono, del desierto y del cristal,

Y ya llorar no fue suficiente… suficiente desquite.


Allí entremedio, de las cebollas, de los ajos,

Quedamos los que revierten los días:

Por favor no me dejes, por favor no me olvides;

Y desde el otro lado del mundo…


Desatamos una estampida de la cotidiana,

De la mañana a la noche, sobreactuando mil papeles:

Fuimos de casting en casting para que nos vieran la frente:

La más oscura, más criminal y más fúnebre.


La bestia del cuerpo devoró caricias,

Y todo lo que a sus fauces parecían ojos devoró.

Nos llenamos así de ojos, y de ojos y de ojos!

Comimos, oh dios! cómo comimos!


Y cuando ya el sueño, el desquite, el exhausto,

Encontré de mi baúl despojos de tu último adiós;

Visitóme la melancolía, traía noticias!

Grandes piedras calientes para el pecho; el casto!


Me miraban desde la distancia!

A través del tiempo! Me miraban, de verdad!

Ya yo quisiera…


Las piedras rodaron por las maderas.

Las manos me sueltan la cabeza.

y mi lápiz descansa del cerebro...


Allí mismo volveremos a nacer

Por fin lejos:

Lejos de las órbitas,

Lejos de estos 12 dobles al día.


Lejos de esta última plegaria;


Lejos

De un noventavo amanecer.



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